7. Vamos a por el tren

Son las 8 de la mañana y dentro de un rato sale nuestro tren. Iremos a casa de los abuelos para hablar con el Basajarau, el guardián de los abuelos estos los últimos años. Aika nos ha dicho que podremos encontrarlo en lo alto de las montañas.

Acher y Sombra desayunan y parecen disfrutar como cualquier otro día, sin pensar en el gran viaje que nos espera, para ellos es uno más, cuatro horas en tren camino de la montaña, su lugar favorito. Mamá los observa, pensativa, creo que está nerviosa, aunque hace todo lo posible para no despertar a sus pequeños rayos azules. Mis ganas por comenzar la aventura, así como por conocer a seres que solo pensaba que existían en los cuentos, hacen que la adrenalina corra por mis venas añadiendo una sensación un poco extraña para mí, un sentimiento de emoción que no había experimentado hasta ahora.

Acher y Sombra. Aventura de Verano. Desayuno
Acher y Sombra

Reviso mentalmente todo lo que llevamos en la mochila: agua, algo de comida, la ropa que nos ha dicho Aika, la tabla, la carta del abuelo, la peonza, algunos artículos de higiene, herramientas que podemos necesitar y un pequeño botiquín. También llevamos nuestros sacos de dormir y una tienda de campaña que se monta y desmonta prácticamente sola. Parece mentira que mamá haya hecho que quepa todo en una mochila tan normal, sin necesidad de bolsas enormes como las de las expediciones. Me pregunto cómo hemos podido vivir tanto tiempo sin magia.

Aika nos ha indicado que a partir de ahora mantengamos los ojos bien abiertos. Desde que el colgante cayó en manos del duende y la tabla está activa, cualquiera puede ser un enemigo. Estoy empezando a estar un poco paranoica, creo que todo el mundo nos está observando. Incluso me ha parecido escuchar la palabra “bruja” cuando entrábamos a la estación, pero seguramente no sería así, acabamos de salir prácticamente de casa.

Al llegar al andén, mamá no puede contener las lágrimas y no deja de abrazar a Acher, es su niño pequeño y le cuesta separarse de él, imagino que hoy hay que sumarle lo peligroso de nuestro viaje, no sabemos a qué tendremos que enfrentarnos en el trayecto o cuál será la situación cuando lleguemos.

Aventura de Verano. En el tren
Acher e Ixeya en el tren

Nos despedimos y subimos al tren. Nosotros viajaremos en el último vagón, el cual tiene una estancia para el equipaje de grandes dimensiones, la paquetería y los animales. Sombra viajará en esta habitación, dentro de una jaula especial para perros de su tamaño. Ya estamos acostumbrados, como en anteriores viajes, pero hoy no me siento segura. Hoy Sombra también parece intranquilo, esto no me gusta, aunque son normas que hay que seguir.

Nos sentamos al final, justo al lado de la habitación donde está Sombra, y elegimos los asientos desde los que luego se verá el lago y el valle. Tengo ganas de llegar a la montaña, de respirar su olor tan característico y de abrazar a los abuelos, aunque esto último tendrá que esperar por ahora.

Me acomodo junto a la ventana, en el tren no va mucha gente, realmente solo se llena los fines de semana o cuando hay algún puente festivo. Me gusta que sea tan tranquilo, así puedo sacar mi libro y leer un rato, pero solo hasta llegar a los Gigantes de Piedra, después hay paisajes fantásticos, con miles de tonos de verde que lo inundan todo. Pero esta vez será diferente, mi cabeza no para de darle vueltas a que cualquiera puede ser una amenaza.

El tren se pone en marcha. Estoy en tensión. Acher lleva su propio ritmo, se hunde en su asiento, saca su consola y la enciende para continuar con su partida, parece tranquilo.

—Tata, ¿Sombra estará bien, verdad? —Me equivocaba.

—Por supuesto, no te preocupes, está aquí al lado, ya sabes que se echará una buena siesta hasta que lleguemos. —Le sonrío con amabilidad, ha quedado convincente, Sombra suele despertarse siempre justo cuando le abrimos la puerta.

—Vale, aunque me gustaría que pudiese viajar con nosotros hoy.

—Sí, a mí también, pero en unas horas llegaremos al pueblo. Juega un poco, verás cómo se pasa rápido. Yo te aviso cuando estemos cerca de los Gigantes, para que no te pierdas el paisaje.

A Acher parece convencerle mi respuesta y centra su atención totalmente en el videojuego que tiene en las manos.

Mientras, yo observo todo lo que nos rodea y lo evalúo. El Canfranero es un tren pequeño y antiguo, no tiene más de tres vagones y en el nuestro tan solo viajan cuatro personas más.

A mitad de vagón hay una señora, que discute sobre algunas cosas de la casa con el que parece ser su marido. Tendrán alrededor de unos 60 años, es alta y delgada, con el pelo teñido de un rubio un tanto particular, corto y rizado. Tiene cara de pocos amigos y está arrugada como una pasa, quizá debidas a sus múltiples enfados. El que parece su marido es un hombre canoso y regordete, con gafas. Este agacha su cabeza e intenta disculparse, pero la señora sigue echándole su particular bronca, sin importarle quién esté delante.

Justo al lado de la puerta que lleva al vagón anterior hay un chico y una chica, de unos 25 años aproximadamente cada uno. El chico es alto y atlético, moreno y con unos grandes ojos, le he visto antes cuando ha subido al vagón. Viste ropa de montaña y lleva una mochila gris, no muy grande, que ha dejado en el asiento de al lado. No para de mirar el móvil con cara muy seria y juraría que le he visto mirar hacia aquí, pero quizá solo estuviese observando a la señora, ya que no deja de llamar la atención.

La chica no va vestida para ir a la montaña, más bien parece que vaya lista para ir a la oficina, quizá trabaje en Huesca, que está de camino. Aun así, su único equipaje parece ser una mochila muy similar o igual a la del chico. No es muy alta y su pelo castaño le cae en ondas sobre los hombros, es todo lo que puedo saber, examinando la situación desde mi asiento del fondo. Ella mira a través de la puerta de cristal que separa los vagones, perdida en sus pensamientos u observando alguna escena que yo no llego a ver.

Respiro hondo, voy a intentar disfrutar de la tranquilidad del viaje.

Saco mi libro de la mochila, un título recomendado por un amigo. Me estaba gustando. Espero poder recordar lo anterior, ya que con todo este lío hace un par de semanas que no leo. La verdad, no sé si podré desconectar y sumergirme por completo en él.

Los paisajes van pasando. Miro por la ventana para ver por donde vamos, me sé cada detalle del paisaje de memoria, tantos años subiendo al pueblo… Hace muy buen día, pero parece que se acercan nubes por el norte, justo a dónde nos dirigimos nosotros, no me gustaría tener que subir la montaña de noche y estando lloviendo.

Me doy cuenta de que ninguno de los pasajeros de nuestro vagón se ha bajado en anteriores estaciones. Tampoco nadie nuevo ha entrado, está siendo un viaje muy tranquilo.

Llegamos a un cambio de vías, ya queda poco para que se puedan ver los dos grandes Gigantes de Piedra. Seguiré leyendo un poco más.

El cielo se oscurece de repente y levanto la vista para mirar por la ventana. ¿Cómo puede ser que hayan llegado tan rápido las nubes? Veo cómo el tren se va acercando a las grandes formaciones rocosas, pero esta vez disminuye su velocidad. Que raro. Esto no me gusta.

4 comentarios en «7. Vamos a por el tren»

  1. Este capitulo me ha gustado mucho.
    Siempre me ha llamado la atencion ese viaje en tren hasta Canfranc.
    Algun dia lo voy a tener que hacer.
    La historia sigue un camino muy interesante.
    Y ya sabes que esta parte del tren a mi me iba a gustar. ????

    Responder
    • Me alegro un montón de que te haya gustado esta parte. Hace mucho que tengo escrito este capítulo y seguro que alguna de nuestras conversaciones sobre el Canfranero influyó. No te lo creerás, pero han pasado ya dos años desde que viví en Canfranc y lo cogía para subir y bajar a Zaragoza. Le debía un trocito de historia ????????

      Responder

Deja un comentario

Ver más

  • Responsable: Estefanía Gómez Hernández.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a SiteGround que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad