Nuevas historias

Cuento. Estudiando la situación

Aventura de verano, Lucía estudiando la situación
Lucía, entre libros, apunta todo lo que le puede ser de utilidad

Últimos días antes de la aventura. Lucía se ha pasado las últimas dos semanas leyendo y releyendo la carta del abuelo, buscando algo que le pueda ayudar a entender qué ha ocurrido. Ha revisado mil libros que hablan de mitos y leyendas, sobre viajes en el tiempo, duendes, brujas y símbolos celtas como el del colgante que llevaba la abuela, que es el mismo que el del tablero que había junto a la carta. Nada sobre un colgante especial y cualquier duende que nombran las leyendas podría ser con el que se encontraron los abuelos.

Mientras, Acher e Ixeya se han intentado centrar en los exámenes. Les ha costado mucho, después de todo lo ocurrido.

El pequeño no para de pedirle a su madre, una y otra vez, que le vuelva a mostrar cómo lo hace.

–Por última vez, no voy a volver a mostrarte nada. No se hable más. Ve ahora mismo a estudiar, dentro de un rato iré a preguntarte la lección. Las matemáticas son importantes, espero que saques buena nota.

–Vale. Te prometo que estudiaré.

Lucía siempre se ha preocupado mucho por sus estudios, sabe que les está resultando difícil concentrarse, pero hará todo lo posible para que esto no afecte a sus notas.

Es la hora de cenar, en estas últimas semanas no hay otro tema de conversación, ¿qué ocurrirá cuando giren la peonza?.

–He estado leyendo acerca del símbolo del tablero, que es el mismo que el del colgante que tenía la abuela. –Lucía ha comenzado a escribir todo lo que cree que puede ocurrir en un cuaderno, lleva ya muchas páginas escritas.

–¿Has averiguado algo? –Ixeya intenta seguir la investigación de su madre en sus ratos libres.

–Es un nudo celta cuaternario, es decir, que tiene cuatro secciones diferentes. Puede tener muchos significados: las cuatro estaciones, cuatro direcciones, los cuatro elementos básicos, las cuatro Fiestas del Fuego Celta…

–¿Fiestas del Fuego Celta? ¿Cuántas cosas has apuntado hoy?

–Sí, hay mucho detrás de esto, demasiado. –Tanta simbología la tiene un poco saturada de información, pero ha aprendido mucho sobre el tema.

–¿Y si es una trampa?

–No podemos pensar en eso, los abuelos no están, han desaparecido. Además, las instrucciones son claras: “Cuando estéis preparados, hacedla girar”. Creo que se refiere a vosotros, la carta solo tiene vuestros nombres. Estoy casi convencida de que yo no tengo que participar, sea lo que sea lo que vaya a pasar. De todas formas, el abuelo sí que nombra a Sombra en la carta. Guía y guardián. –Lucía sonríe–. He estado pensando mucho. No sabemos qué va a ocurrir, pero según la carta y dónde han terminado los abuelos, creo que será mejor que estéis preparados para que os envíe a cualquier otro lugar u otro tiempo. Lo que más me preocupa es que terminéis separados, pero tenemos que seguir adelante. –Se comienza a poner nerviosa solo de pensarlo–. Ropa para el frío y el calor, nada muy pesado. Algo para dormir, he visto unos sacos muy ligeros y cómodos, aunque no son baratos. Comida, agua y un botiquín, eso ya lo he preparado. Un pequeño set de herramientas, aguja, hilo, baterías y un trasto para recargar todo, ya he realizado el pedido por Internet y ha llegado. Espero que si aparecéis en medio de la nada, pongáis en práctica todo lo que habéis aprendido sobre supervivencia con el abuelo estos últimos años.

–He estado haciendo nudos –dice Acher orgulloso–. Ya controlo los importantes.

–Yo no he mirado mucho.

–Ixeya, es tu último curso, mañana tienes el último examen.

–Lo llevo bien, mamá. En cuanto termine, nos tendremos que ir. Tengo que confesar… que he estado leyendo sobre primeros auxilios básicos, también en animales. –Ixeya le revuelve el pelo a Acher de forma cariñosa. Lucía no puede hacer otra cosa que sentirse orgullosa de su hija.

Poco más tarde van a la cama, pero no creen que puedan llegar a dormir mucho. Quedan cosas que hacer, y aunque todo está preparado, está sin meter en las mochilas, quiere que las hagan ellos para que sepan dónde llevan cada cosa.

Lucía da vueltas en la cama. No les ha contado a los chicos todo lo que ha descubierto. Hay cosas que ya no parecen una casualidad tras haber leído sobre las festividades celtas. Ella nació el 1 de agosto de 1985, día de Lughnasadh, luna llena. Luego está ese tatuaje suyo de un cuervo, que parece que a veces se mueve.

Una tenue luz azulada ilumina de repente la habitación. No puede ser, los nervios han hecho que los rayitos azules vuelvan a sus manos. No es la primera vez que le ocurre esto estando en la cama, y como la vez anterior, su mayor temor es que algo pueda quemarse. Necesita tranquilizarse como sea y esperar a que lleguen las sorpresas del día siguiente.

–Noventa y nueve, noventa y ocho, noventa y siete… –Los rayitos azules van desapareciendo poco a poco–. …noventa y seis, noventa y cinco, noventa y cuatro…

Esta vez ha sido más rápido, control, calma, silencio… Necesita descansar y dejar que la magia le traiga el día siguiente lo que le tenga que traer.


–Buenos días mamá.

Acher aparece sonriente por la cocina mientras Lucía prepara los desayunos.

Ha llegado el día. Acher e Ixeya tienen muchas ganas de que sea por la tarde para poder comenzar su aventura, se notan los nervios en el ambiente.

–Buenos días. –Se ve que Ixeya no ha dormido mucho, se le escapa un bostezo.

–¿Habéis dormido bien?

–Sí, aunque llevo despierto un rato. –Acher coge una manzana del cesto y se dirige saltando a la puerta. –Voy a sacar a Sombra.

Le encanta salir con Sombra por las mañanas. Es una vuelta corta, pero haga frío o calor, le gusta compartir ese ratito con su gran amigo.

Antes de que ninguna de las dos pueda decir nada, Acher ya ha salido por la puerta.

De repente, a Lucía le vuelven a brillar las manos, la cosa no está nada controlada. Los rayitos azules van y vienen por la palma de sus manos e incluso suben por sus brazos, para desaparecer de nuevo bajo su piel.

–¡Mamá! ¿Estás bien? –Ixeya se asusta muchísimo al ver a su madre en esa situación y la cocina iluminada por un destello color azul.

–Noventa y nueve, noventa y ocho, noventa y siete… –Se aleja de Ixeya recitando números e intentando respirar despacio.

Lucía se encierra en el baño, pero detrás de la puerta sigue oyéndose la cuenta atrás.

–Noventa y cuatro, noventa y tres…

–¡Mamá! ¿qué haces? Por favor, dime que estás bien.

–Estoy bien, pero vete, no sé qué puede pasar. Noventa, ochenta y nueve…

Lucía se acurruca en una esquinita del baño e intenta dejar su mente en blanco. Los rayos desaparecen de golpe. Respira hondo.

Cuando se ha calmado, sale del baño y encuentra a Ixeya frente a la puerta, esperando pacientemente sin decir nada, pero visiblemente afectada.

–¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

–No te preocupes, llevo así unos días, creo que son nervios y ansiedad. No le digas nada a Acher, por favor. Al salir por la puerta, es como si todas mis preocupaciones viniesen a mi cabeza de golpe.

–No le diré nada. Averiguaremos qué te pasa, tranquila.

Ixeya abraza a su madre. Están siendo unos días un poco raros.

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